Lady Bird: dramas adolescentes, emociones y traumas

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En su ópera prima como directora, la nominada al Oscar Greta Gerwig enfoca un patrón narrativo clásico, el proceso de madurez de una estudiante, desde una perspectiva femenina y de clase insólita.

Lady Bird es la película indie de siempre como nunca la habíamos visto, aunque sigue el clásico proceso de paso a la edad adulta que conforma buena parte del cine independiente estadounidense y no menos óperas primas. La protagonista, Christine (Saoirse Ronan), se encuentra en el último año del instituto y espera poder matricularse en una universidad en la Costa Este, en la otra punta de su Sacramento natal, con la esperanza de poder realizar allí sus sueños.

En el fondo es una película positiva sobre la familia y la adolescencia, pero toca muchos palos desde la perspectiva liberal de la directora: la religión, la sexualidad, el aborto, la homosexualidad… siempre de una forma ligera y superficial. No pasa de ser un grato y poco relevante retrato del perplejo y desfondado mundo en el que viven nuestros jóvenes.

Sin embargo, el gran valor del film reside en la relación materno-filial: una relación difícil, llena de incomprensiones e incomunicaciones, pero en la que finalmente triunfan el agradecimiento y el amor. Es curioso el tratamiento de la religión, a menudo ambiguo, pero ciertamente lleno de detalles de simpatía. Una película valiosa cuyo principal defecto es querer contentar a todos.

UNA IDENTIDAD PROPIA
Esta obra es una comedia emocional de ritmo ágil y diálogos agudos, resulta más interesante en sus matices que en su conclusión final. La película se enriquece por la decisión de la directora de no cargar demasiado el peso dramático de las diversas peripecias que vive la protagonista.

El paso por la escuela católica no tiene nada de traumático, ni tan siquiera cuando Christine se rebela contra una charla antiabortista. La primera experiencia sexual no está idealizada en ningún sentido.

Y la desilusión ante los nuevos amigos se cura pronto. El personaje se construye a partir de muchos pequeños detalles cuasi invisibles, como todos esos elementos que decoran su dormitorio y dicen cosas de ella sin necesidad de gritarlas. Todo conduce a que al final la protagonista descubra que el largo proceso para aceptar los propios orígenes pasa por distanciarse de ellos.

 

Fuente: www.eldebatedehoy.es

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